QUE CREEMOS

Estas son las doctrinas en las cuales creemos como Iglesia y como individuos.

1- Dios

Creemos en un solo Dios, vivo y ver­dadero, personal, espiritual e inteligente. Es el Creador, Redentor, Preservador y Go­bernador del universo. Dios es Señor de la historia en la cual revela su voluntad de salvar al hombre. A El le debemos el más elevado amor, reverencia y obediencia. El Dios eterno e infinito se nos revela como Padre, Hijo y Espíritu Santo, con distintos atributos personales, pero sin división de naturaleza, esencia o existencia.

I- Dios el Padre

Creemos en Dios el Padre, quien rei­na con cuidado providencial sobre el uni­verso y sus criaturas en el curso de la his­toria, de acuerdo con los propósitos de su gracia. Es Padre de aquellos que llegan a ser sus hijos mediante la fe en Cristo Je­sús, y se muestra paternal en su actitud hacia todo ser humano.

Génesis 1:1; 2:7. Éxodo 3:14; 6:2-3; 15:11 SS; 20:1.Levítico 22:2. Deuteronomio 6:4; 32:6. 1 ~ Crónicas 29; 10. Salmos 19:1-3. Isaías 43:3,15; 64:8. Jeremías10:10; 17:13. Mateo 6:9ss; 7:11; 23:9; 28:19. Marcos1:9-11. Juan 4:24: 5:26; 14:6-13; 17:1-8. Hechos 1:7.Romanos 8:14-15. 1 Corintios 8:6. Gálatas 4:6. Efe­sios 4:6. Colosenses 1: 5. 1 Timoteo 1:17. Hebreos11:6: 12:9. 1 Pedro 1:17. 1 Juan 5-7.

Dios el Hijo

Creemos en Cristo Jesús, quien es el eterno Hijo de Dios. En su encarnación Je­sús fue engendrado por el Espíritu Santo y nació de Maria virgen. Reveló y cumplió perfectamente la voluntad del Padre, asu­miendo las necesidades y demandas de la naturaleza humana, identificándose com­pletamente con la humanidad, pero sin pe­cado. Honró la ley divina por medio de su obediencia personal, y por su muerte en la cruz hizo posible la redención del pecado.

Fue levantado de los muertos por el Padre, con un cuerpo glorificado, y apare­ció a sus discípulos como la misma per­sona que había estado con ellos antes de la crucifixión. Participando de las natura­lezas divina y humana, ascendió al cielo y ahora está exaltado a la diestra de Dios como el único Mediador. En El se efectúa la reconciliación entre Dios y el hombre. Mora en todos los creyentes como Señor vivo y omnipresente. Volverá con poder y gloria para juzgar al mundo y consumar su misión redentora.

Génesis 18:1ss. Salmo 2:7ss. Isaías 7:14, 53. Ma­teo 1:18-23; 3:17; 8:29; 11:27; 14:33; 16:16,27; 27:28;28:1-6,19. Marcos 1:1; 3:11. Lucas 1:35; 4:41; 22:70; 24:46. Juan 1:1-18,29; 10:30,38; 11-25-27; 12:44-50; 14:7-11; 16:15-16,28; 17:1-5,21-22; 20:1-20,28. Hechos1:9; 2:22-24; 7:55-56; 9:4-5;20. Romanos 1:3-4; 3:23-26; 5:6-21; 8:1-3.34; 10:4. 1 Corintios 1:30; 2:2; 8:6; 15:1-8, 24-28. 2 Corintios 5:19-21. Gálatas 4:4-5.Efesios 1:20; 3:11; 4:7-10. Filipenses 2:5-11. Colo­senses 1:13-22; 2:9. 1 Tesalonicenses 4:14-18. 1Timoteo 2:5-6; 3:16. Tito 2:13-14. Hebreos 1:1-3; 4:14-15; 7:14-28; 9:12-15,24-28; 12:2; 13:8. 1 Pedro2:21-25; 3:22. 1 Juan 1:7-9; 3:2; 4:14-15; 5:9. 2Juan7-9.Apocalipsis 1:13-16; 5:9-14; 12:10-11; 13:8; 19:16.

3 -Dios el Espíritu Santo

Creemos en el Espíritu Santo, Ser Es­piritual y Personal, la tercera persona de la divinidad, quien inspiró a hombres con­sagrados de la antigüedad a escribir las Escrituras. Por su iluminación capacita a toda persona para comprender su necesi­dad de salvación y la verdad del evange­lio. Exalta a Cristo; convence del pecado, de justicia y de juicio. Llama a los hombres a la salvación y efectúa en ellos la rege­neración. Mora en el hombre total desde el día en que éste aceptó a Cristo como Señor y Salvador.

El Espíritu Santo sella al cre­yente hasta el día de la redención final. De­sarrolla el carácter cristiano; fortalece a los creyentes; y les reparte los dones es­pirituales con los cuales pueden servir a Dios. Su presencia en el cristiano da la se­guridad de que Dios lo conducirá a la ple­nitud de la estatura de Cristo. El Espíritu instruye y capacita al creyente y a la igle­sia para la adoración, el evangelismo y el servicio. Bajo su imperio y dinamismo se mueve la iglesia, llevándole a cumplir el mi­nisterio que se le ha conferido en el mundo.

Genesis 1:2. Jueces 14:6. Job 26:13. Salmos 51:11; 139:7ss. Isaías 61:1-3. Joel 2:28-32. Mateo 1:18; 3:16;

4:1; 12:28; 28:19. Marcos 1:10, 12. Lucas 1:35; 4:1,18-19: 11:13; 12; 12; 24:49. Juan 4:24; 14:16-17, 26,15:26; 16:7-14. Hechos 1:8; 2:1-4,38; 4:21; 5:3; 6:3;7:55; 8:17, 39; 10-44; 13:2; 15:28; 16:6; 19:1-6. Roma­nos 8:9-11, 14-16, 26-27. 1 Corintios 2:10-1 2; 3:16; 12:3-11. Gálatas 4:6. Efesios 1:13-14; 4:30; 5:18. 1 Tesalonicenses 5:19. 1 Timoteo 3:16: 4:1.

II–Las Sagradas Escrituras

Creemos que la Biblia fue escrita por hombres divinamente inspirados y es el re­gistro de la revelación que Dios ha hecho de si mismo al hombre. Es un perfecto te­soro de instrucción divina. Dios es su autor, la salvación es su fin y la verdad es su sustancia. Sin error alguno conduce a la sabiduría para salvación en Cristo Je­sús. La Biblia revela los principios por los cuales Dios nos juzga. Por lo tanto es, y continuará siendo hasta el fin del mundo, el verdadero centro de la unidad de los cristianos y la regla suprema que prueba la conducta humana, los credos y las opi­niones religiosas. La Biblia es la autoridad suprema en todo asunto de fe y debe ser interpretada a la luz de la persona de Cris­to Jesús, bajo la guía del Espíritu Santo.

Éxodo 24:4. Deuteronomio 4:1-2; 17:19. Josué 8:34.Salmo 19:7-10; 119:11, 89, 105,140. Isaías 34:16; 40:8.Jeremías 15:16,36. Mateo 5:17-18; 22:29. Lucas 21:33; 24:44-46. Juan 5:39; 16:13-15; 17:17. Hechos2:16s 17:11. Romanos 15:4; 16:25-26. 2 Timoteo3:15-17. Hechos 1:1-2. 1 Pedro 1:25. 2 Pedro1:19-21.

III–El hombre

Creemos que Dios, por un acto espe­cial, creó al hombre a su propia imagen; por lo mismo, el ser humano es la corona de la creación. El carácter sagrado de la personalidad humana es evidente: porque Dios creó al hombre a su propia imagen porque Cristo murió por el hombre. Por lo tanto, cada hombre posee dignidad y me­rece el respeto y el amor cristiano.

Desde el principio el hombre fue in­vestido de libre albedrío por su Creador y era inocente de pecado. Al hacer uso de su propia voluntad el hombre pecó contra Dios e introdujo el pecado en la humani­dad. Siendo tentado por Satanás, el hom­bre transgredió el mandamiento de Dios y perdió su inocencia original; por esto, su posteridad heredó una naturaleza con ten­dencias a pecar y un medio ambiente co­rrompido por el pecado. Cuando el indivi­duo comienza a realizar acción moral, se convierte en trasgresor de la ley divina y merece la condenación. Solamente la gra­cia de Dios puede hacer que el hombre vuelva a estar en santa comunión con Dios, y puede capacitarlo para asumir su responsabilidad delante de Dios.

Génesis 1:26-30; 2:5,7, 18-22; 9:6. Salmos 1; 8:3-6; 32:1-5; 51:5. Isaías 6:5. Jeremías 17:5. Mateo 16:26. Hechos 17:26-31. Romanos 1:19-32: 3:10-18, 23; 5:6,12, 19: 6:6; 7:14-25; 8:14-18,29. 1 Corintios 1:21-31; 15:19, 21,22; Efesios 2:1-22; Colosenses 1:21,22:3:9-11.

IV–Salvación

Creemos que la salvación comprende la redención integral del hombre. Es la ex­periencia personal en que el individuo es rescatado del dominio del pecado y es li­berado para vivir según los propósitos de Dios en su vida. Se ofrece gratuitamente a todos aquellos que aceptan a Jesucris­to como Señor y Salvador, quien con su propia sangre obtuvo la redención eterna para el creyente. La salvación abarca la re­generación, la santificación y la glorifica­ción del ser humano.

A. La regeneración o el nuevo naci­miento, es una obra de la gracia de Dios por la cual los creyentes llegan a ser nue­vas criaturas en Cristo Jesús. Es un cam­bio de vida que efectúa el Espíritu Santo, cuando el pecador bajo convicción de su pecado responde en arrepentimiento hacia Dios y con fe en el Señor Jesucristo.

El arrepentimiento y la fe son insepa­rables experiencias de gracia. Por arrepen­timiento la persona desecha su pecado pa­ra abrazar la gracia de Dios. Por fe acepta a Jesucristo y entrega toda la personali­dad a él como Señor y Salvador. Recibe el perdón absoluto que Dios en su misericor­dia concede a todos los pecadores que se arrepienten y creen en Cristo. La justifica­ción pone al creyente en una relación de paz y favor para con Dios, transformando la vida para reflejar los principios de su justicia.

B. La Santificación comienza con la regeneración y es la experiencia median­te la cual el creyente es separado para cumplir los propósitos de Dios, y capaci­tado para progresar hacia la perfección moral y espiritual por la presencia y el po­der del Espíritu Santo que mora en él. El crecimiento en gracia debe continuar du­rante toda la vida del creyente.

C. La glorificación es la culminación de la salvación y es el estado bendito, fi­nal y permanente del redimido.

Génesis 3:15. Éxodo 3:14-17; 6:2-8; Mateo 1:21; 4:17; 16:21; 27:22-28:6. Lucas 1:68,69; 2:28-32. Juan1:11-14,29; 3:3-21,36; 5:24; 10:9, 28,29; 15:1-16; 17:17.Hechos 2:21; 4:12; 15:11; 16:30,31; 17:30,31; 20:22.Romanos 1:16-18; 2:4; 3:23-25; 4:3-8; 5:8-10; 6:1.23;8:1-18, 29:39; 10:9,10,13; 13:11-14. 1 Corintios1:18,30; 5:10; 6:19,20. 2 Corintios 5:17-20. Gálatas2:20; 3:13; 5:22-25; 6:15. Efesios 1:7; 2:8-22; 4:11-16.Filipenses 1:3, 2:12. Colosenses 1:15-22; 3:1-4; 1Tesalonisenses 5:23,24; 2 Timoteo 1:12; Tito2:11-14; Hebreos 2:1-3. 5:8,9; 9:24-28; 11:1; 12:8,14; Santiago 2:14-26; 1 Pedro 1:2-23; 1 Juan 1:6a2:11; Apocalipsis 3:20; 21:1-22:5

V El alcance de la gracia de Dios

Creemos que Dios en su misericordia infinita expresa su gracia para con toda persona. Invita a todo aquel que invoca el nombre del Señor a recibir la salvación en Cristo Jesús. La obra de gracia en la vida de los redimidos es total, puesto que libe­ra al creyente de todo dominio de Satanás, perdona sus pecados, transforma su ca­rácter y posibilita su progreso hacia la ma­durez y santidad.

Todos los verdaderos creyentes han de perseverar hasta el fin, ocupándose de su salvación con temor y temblor y confian­do en Dios quien produce el deseo y la ca­pacidad de cumplir su buena voluntad. Se­rán guardados por el poder de Dios me­diante la fe que produce salvación.

Génesis 12:1-3. Éxodo 19:5.8.10 Samuel 8:4-7; 19:22.Isaías 5:1-7. Jeremías 31-34; Mateo 16:18,19; 21 :28-45; 24:13, 22,31; 25:34. Lucas 1:68-79; 2:29-32; 19:41-44; 24:44-48. Juan 1:12-14; 3:16; 5:24; 6:44,45,65; 10:27-29; 15:16; 17:6,12,17,18; Hechos 20:32;Romanos 5:9,10; 8:28-29; 10:12-15; 11:5-7, 26-36; 1Corintios 1:1,2; 15:24-28; Efesios 1:4-23; 2:1-10; 3:1-11; Colosenses 1:12-14. 20 Tesalonisenses2:3,14. 10 Timoteo 1:12; 2:10, 19; Hebreos 11:39-12:2; 1 Pedro 1:2-5, 13; 2:4-10; 10 Juan 1:7-9; 2:19; 3:2.Filipenses 2:12-13 Hebreos 2:1-4; 6:1-16.

VI–El reino de Dios

Creemos que el reino de Dios repre­senta su señorío particular sobre los hombres que voluntariamente lo reconocen co­mo Rey. Además incluye el efecto de su ac­ción en la historia, la influencia para bien de aquellos que le son obedientes, y su so­beranía general sobre el universo. Particu­larmente el reino de Dios es el reino de la salvación, al cual los hombres entran me­diante su entrega a Jesucristo, por medio de una fe semejante a la de un niño. Los cristianos deben orar y trabajar para que venga el reino, y para que la voluntad de Dios sea hecha en la tierra. La plena con­sumación del reino se realizará cuando vuelva el Señor Jesucristo al fin de estos tiempos.

Génesis 1:1. Isaías 9:6,7. Jeremías 23:5,6. Mateo 3:2; 4:8-10,23; 12: 25-28; 13:1-52; 25:31-46; 26:29. Mar­cos 1:14, 15; 9:1. Lucas 4:43; 8:1; 9:2; 12:31, 32; 17:20,21; 23:42. Juan 3:3; 18:36. Hechos 1:6,7; 17:22-31. Romanos 5:17; 8:19. 10 Corintios 15:24-28.Colosenses 1:18. Hebreos 11:10,16; 12:28.10 Pedro 2:4-10; 4:13. Apocalipsis 1:6,9; 5:10; 11:15; 21 y 22.

VII–La Iglesia

Creemos que la iglesia como el cuer­po de Cristo incluye a todos los redimidos de todos los tiempos y en todo lugar.

Asimismo, una iglesia del Señor Jesu­cristo es un cuerpo local de creyentes bau­tizados sobre la base de su conversión, los cuales se unen voluntariamente en la fe y en la confraternidad del evangelio. Estos creyentes observan las dos ordenanzas de Cristo, el bautismo y la cena del Señor; en­señan y se someten a sus enseñanzas; se apoyan mutuamente en comunión cristia­na y procuran anunciar el evangelio hasta los fines de la tierra. Son capacitados pa­ra ejercitar los dones que Dios reparte en el seno del cuerpo de Cristo y realizar la obra del ministerio para la edificación de la iglesia, para hacer bien en el mundo y para cumplir con su misión universal.

Cada iglesia es un cuerpo autónomo, que funciona bajo el señorío de Cristo Je­sús. Por medio de un gobierno congrega­cional cada integrante, sujeto a la volun­tad y gula del Espíritu Santo, participa li­bremente. En esa auténtica democracia to­dos los miembros son igualmente respon­sables para el ejercicio de su sacerdocio espiritual.

Mateo 16:15-19; 18:15-20. Hechos 2:41,42,47; 5:11-14; 6:3-6; 14:23-27; 15:1-30; 16:5; 20:28. Roma­nos 1:7. 1 Corintios 1:2; 3:16; 5:4,5; 7:17; 9:13,14; 12. Efesios 1:22,23; 2:19-22; 3:8-11,21; 5:22-32. Filipen­ses 1:1. Colosenses 1:18. 1 Timoteo 3:1-15; 4:14. 1 Pedro 5:1-14. Apocalipsis 2-3; 21:2,3.

VIII–Las Ordenanzas

Creemos que el bautismo cristiano es el acto de sumergir en agua al creyente, en el nombre del Padre, del Hijo y del Es­píritu Santo. Es un acto de obediencia, asumido voluntariamente por el creyente, que simboliza su fe en un Salvador que fue crucificado, sepultado y resucitado; la muerte del creyente al pecado, el sepultar la vieja vida y la resurrección para andar en novedad de vida en Cristo Jesús. Es un testimonio de su fe en la final resurrección de los muertos. Como una ordenanza de la iglesia, el bautismo es un requisito pre­vio al derecho de gozar de los privilegios como miembro de la iglesia y participar en la cena del Señor.

La cena del Señor es un acto conme­morativo y simbólico de obediencia por el cual los miembros de la iglesia, al partici­par del pan y de la copa, recuerdan la muerte del Redentor, afirman la unidad de los hermanos en el cuerpo de Cristo y anuncian su segunda venida.

Mateo 3:13-17; 26:26-30; 28:19-20. Marcos 1:9-11; 14:22-26. Lucas 3:21,22; 22:19,20. Juan 3:23. Hechos2.41, 42; 8:35-39; 16:30-33; 20:7. Romanos 6:3-5. 1Corintios 10:16, 21; 11:23-29; Colosenses 2.12.

IX–Los Cultos y la adoración

Creemos que el deber de cada creyen­te es adorar a Dios y darle gloria. Por la gra­cia los cristianos se dedican en su vida pri­vada, familiar y colectiva a la adoración, la alabanza y servicio de Dios como su cul­to racional. Esta adoración en espíritu y en verdad representa la honesta y libre bús­queda de comunión con Dios y no depen­de de ningún rito ni costumbre. La libre ex­presión en la adoración involucra elemen­tos que predisponen a la congregación a dirigirse hacia Dios y rendirle culto digno, tales como: la lectura de las Escrituras; el cantar himnos y canciones espirituales; el compartir testimonios; la oración en todos sus aspectos; la entrega de ofrendas y la predicación de la Palabra. Los cultos pú­blicos y reuniones en las iglesias son a su vez testimonios de Cristo y por tanto deben conducirse dignamente y en orden pa­ra lograr la conversión de los incrédulos y la edificación de los hermanos.

Salmos 150. Isaías 56:6, 7. Juan 4:21-24. Romanos12:1. 1 Corintios 14; 16:1,2. Efesios 1:5,6.

X–El día del Señor

El primer día de la semana es el día del Señor. Celebra la resurrección de Cris­to de entre los muertos y debe ser dedica­do al ejercicio de la adoración y a la devo­ción espiritual, tanto en público como en privado. Además es un día de descanso personal de las labores habituales.

Éxodo 20:8-11. Mateo 12:12; 28:1-7. Marcos 2:27,28; 16:1-7. Lucas 24:1-3, 33-36. Juan 20:1. Hechos 20:7.1 Corintios 16:1,2. Colosenses 2:16. Apocalipsis1:10.

XI–Evangelización y Misiones

Creemos que él Señor Jesús mandó a todos sus discípulos a hacer discípulos en todas las naciones. Entonces, a cada seguidor de Cristo y a cada iglesia del Se­ñor Jesús le corresponde el deber y privi­legio de extender el reino de Dios. Las en­señanzas de Cristo repetidamente señalan que todo creyente está bajo obligación de predicar las buenas nuevas de salvación en Jesucristo. Al nacer de nuevo por el Santo Espíritu de Dios, se despierta tam­bién el amor hacia los demás. También, la triste realidad de la humanidad sin espe­ranza y sin Dios hace urgente cumplir el mandato de Cristo. Por lo tanto, cada hijo de Dios debe tratar de ganar constante­mente para Cristo a los perdidos.

El cumplir la gran comisión de invitar a todo ser humano a aceptar a Cristo Je­sús como Señor y Salvador merece todo esfuerzo personal, exige la cooperación con otros creyentes, y urge la adopción de todo método que esté en armonía con el evangelio de Jesucristo.

Génesis 12:1-3. Éxodo 19:5,6. Isaías 6:1-8. Mateo 9:37,38; 10:5-15; 13:18-30,37-43; 16:19; 22:9,10; 24:14;28:18-20. Marcos 13:10. Lucas 10:1-18; 24:46-53.Juan 14:11,12; 15:7,8; 20:21. Hechos 1:8; 2; 8:26-40,10:42-48; 13:2,3. Romanos 1:14, 16,17; 10:13—15.Efesios 3:1-11; 1 Tesalonicenses 1:8. 2 Timoteo 4:5. Hebreos 2:1~3, 11:39~12:2.1 Pedro 2:4-10. Apo­calipsis 22:17.

XII–Conducta cristiana

Creemos que todo seguidor de Jesús debe buscar primero el reino de Dios y sus propósitos de justicia. En su vida particu­lar como en sus relaciones sociales, vive bajo el mandato de expresar su fe por me­dio de su conducta. El creyente se compro­mete a un comportamiento de acuerdo con los más altos ideales cristianos. Será ho­nesto en sus relaciones personales, recto en sus negocios y diligente en cumplir sus compromisos, dedicándose a hacer el bien en todo momento y lugar. Se opone, en el espíritu de Cristo, a toda forma de codicia, egoísmo y vicio.

Tiene la responsabilidad de expresar siempre el amor hacia sus hermanos, y an­dar como es digno del evangelio en el mun­do, haciendo la paz, viviendo rectamente, procurando la justicia y haciendo bien.

Génesis 14:20; 18:19. Levítico 7:30-32. Deuterono­mio 8:18. Salmo 37:16,17. Óseas 14:9. Amos 5:14,15. Miqueas 6:8 Habacuc 2:4. Mateo 5:9,33-37. Lucas 3:10-14. Juan 13:34,35. Romanos 1:14-15; 13:8. Fili­penses 1:27; 4:8; 10:19. Hebreos 4:12,13. Santiago 2: 14-18.

XIII–Mayordomía cristiana

Creemos que Dios es la fuente de to­da bendición material y espiritual. Todo lo que tenemos debemos solamente a El. Por tanto, el cristiano está comprometido a servir a Dios con su tiempo, sus talentos y posesiones materiales para honrar a Dios y ayudar a otros.

La iglesia debe sostenerse por las ofrendas voluntarias de sus miembros. Los cristianos deben contribuir con alegría y en forma regular mediante sus diezmos y ofrendas para la extensión del reino de Dios, para el sostén de los ministerios de la iglesia, y para las necesidades de los pobres.

Deuteronomio 16:19,20; 25:15. Malaquías 3:8-12.Mateo 6:1-4,19-21,33, 19:21; 23:23; 25:14-29. Lucas 12:16-21,42; 16:1-13. Hechos 2:44-47. Romanos 6:6-22; 12:18. 1 Corintios 4:1,2; 6:19,20; 16:1-4. 2 Corintios 8-9; 12; 15. 1 Pedro 1:18,19.

XIV–El cristiano y la iglesia

Creemos que en una iglesia los her­manos deben amarse mutuamente, sopor­tarse en las pruebas, y ayudarse tanto en lo espiritual como en lo material. Es la res­ponsabilidad de cada creyente procurar vi­vir en amor fraternal con sus hermanos. Cuando surgen conflictos debe buscar la reconciliación y ofrecer perdón.

Cuando alguno se aparta del camino del Señor, es el deber de los demás amo­nestarle con el fin de llevarle una vez más al compañerismo íntimo. De no alcanzar este propósito, y una vez agotados todos los pasos bíblicos, la iglesia debiera sepa­rar de su seno a tal persona. Toda disciplina tiene un fin redentor y la iglesia de­be guardar el anhelo de que sus medidas restauren a tal hermano. La iglesia está plenamente facultada para ejercer la dis­ciplina y no debería acudir al poder civil pa­ra resolver asuntos espirituales.

Mateo 5:22-24; 6:14; 15; 7:1,2; 18:15-22. Juan 13:34,35.Hechos 2:1, 46,47; 5:42. 1 Corintios 1:10; 5:3-5,11-13; 6;1-8; 12:13; 2 Corintios 5:17-19. Gálatas 6:1,2. Efesios 4:1-6. Filipenses 4:2,3. Hebreos 3:13; 12:14. Santiago 4:11,12; 5:19,20; 1 Juan 1:7-11; 4 7-9

XV–El cristiano y la sociedad

Creemos que todo cristiano está lla­mado a hacer que la voluntad de Cristo sea soberana en su propia vida y en la socie­dad humana. Su salvación repercute en el mundo en que se vive: influencia a sus fa­miliares y amigos; procura la transforma­ción del contexto que le rodea; y promue­ve el bienestar de la sociedad en general.

Viviendo en el mundo aunque sin ser del mundo, los redimidos luchan por la jus­ticia en sus relaciones personales y en las estructuras de la sociedad. Deben traba­jar a fin de proveer para sus propias nece­sidades y las de sus familias, como también las de los huérfanos, los necesitados, los ancianos, los indefensos y los enfermos. Someten su participación en los negocios, la industria, el gobierno y la sociedad a los principios bíblicos de justicia, verdad y amor fraternal. Para el logro de estos fines los cristianos debieran mostrar su dispo­sición a colaborar con todos los hombres de buena voluntad en toda causa que con­tribuya a procurar el bien común, siendo siempre cuidadosos de actuar en el espí­ritu de amor sin abandonar su lealtad a Cristo y a su verdad.

Éxodo 20:3-1 7. Levítico 6:2-5. Deuteronomio 10:12 27:17. Salmo 101:5. Proverbios 11:5-11. Miqueas 6:8. Zacarías 8:16. Mateo 5:13-16; 43-48; 22:36-40; 25:35. Marcos 1:29-34; 2:3-5; 10:21. Lucas 4:18-21; 10:27-37; 20-25. Juan 15:12; 17:15. Romanos 12:14. 1 Corin­tios 5:9,10; 6:1-7; 7:20-24; 10:23-11:1. Gálatas 3:26-28. Efesios 6:5-9. Colosenses 3:12-1 7. 1 Tesalonicenses 3:12. Flemón. Santiago 1:27; 2.8.

XVI–La libertad de religión

Creemos qué solamente Dios como Señor es el único Soberano Absoluto sobre la conciencia humana la que por tal razón está libre de cualquier imposición de las doctrinas y de los mandamientos de los hombres. Todo individuo como un ser crea­do a la imagen divina es competente para responder a Dios en forma directa, sin que ninguna autoridad humana usurpe la res­ponsabilidad de la persona delante de Dios.

El gobierno civil es ordenado por Dios, y el cristiano le debe obediencia en todas las cosas que no sean contrarias a la vo­luntad revelada de Dios.

La iglesia y el Estado deben estar se­parados. La iglesia no debe recurrir al po­der civil para realizar su obra. El estado de­be respetar a toda iglesia y garantizarle li­bertad sin impedimentos para ejercer su culto y proseguir fines espirituales. Al con­ceder esta libertad, el estado no debe fa­vorecer ningún grupo eclesiástico. El es­tado no tiene derecho de imponer castigos por opiniones religiosas de ninguna clase, ni contribuciones para el sostén de ningu­na religión.

El ideal cristiano es una iglesia libre en un estado libre. Toda persona tiene de­recho de libre acceso a Dios y de formular y propagar opiniones religiosas sin impe­dimento de parte del poder civil ni favorecer la enseñanza de un credo re­ligioso determinado en la educación pública.

Génesis 1:27; 2:7. Mateo 6:6, 7, 24; 16:26; 22:21. Juan 8.36. Hechos 4:19,20. Romanos 6:1; 13:1-7. Gálatas 5:1. Filipenses 3:20. 1 Timoteo 2:1,2. Santiago 4:12. 1 Pedro 2:12-17; 3:11-1 7; 4:12-19.

XVII–Las últimas cosas

Creemos que Dios, a su tiempo y a su manera, conducirá al mundo a su fin. De acuerdo con su promesa, Jesucristo vol­verá al mundo en forma personal, visible y gloriosa. Los muertos serán resucitados y Cristo juzgará a los hombres con justi­cia. Los impíos serán destinados al infier­no, el lugar de castigo eterno. Los justos, con cuerpos resucitados y glorificados, re­cibirán su recompensa y morarán eterna­mente en el Cielo con su Señor.

Isaías 2:4; 11:9. Mateo 16:27; 18:8-9; 19:28; 24:27, 30, 36,44; 25:31-46; 26:64. Marcos 8:38; 9:43-48; 13:32. Lucas 12:40, 48; 16:19-26; 17:22-37; 21:27-28. Juan 14:1-3. Hechos 1:11; 17:31. Romanos 14:10. 1~ Co­rintios 4:5; 15:24-28; 35-58. 20 Corintios 5:10. Filipen­ses 3:20,21. Colosenses 1:5; 3:4. 1 Tesalonicenses 4:14-18; 5:l ss. 2 Tesalonicenses 1:7ss. 1 Timoteo 6:14. 20 Timoteo 4:1-8. Tito 2:13. Hebreos 9:27-28. Santiago 5:8. 2 Pedro 3:7ss 1 Juan 2:28; 3:2. Ju­das 14. Apocalipsis 1:18; 3:11; 20:1-22:13.